miércoles, diciembre 07, 2005

El estado de animo y la belleza

[ Autorretrato. Paul Gauguin, 1889 ]

[...] Creo que al artista inferior siempre cae en los excesos de una pretendida ciencia de la ejecución. El pincel más hábil no puede más que estorbar en una obra imaginativa que evoca la materia. En realidad, sólo es un gran artista el que puede aplicar con acierto sus preceptos más abstactos de la forma más sencilla posible. Escuche la música de Haendel ! [...] En cuanto a mí, estoy decidido; dentro de algún tiempo iré a Tahití, una pequeña isla de Oceanía donde la vida material puede transcurrir sin dinero. Quiero olvidar allí todo el mal del pasado y morir allí ignorado de aquí, libre de pintar sin gloria alguna para los demás. [...] Se prepara en Europa una época terrible para la próxima generación: el reino del oro. Todo está podrido, y los hombres y las artes. Hay que desgarrarse sin cesar. Allí, por lo menos, bajo un cielo sin invierno, en una tierra de maravillosa fecundidad, el tahitiano no tiene más que levantar el brazo para coger su alimento; además, no trabaja jamás. Mientras que en Europa, hombres y mujeres sólo consiguen satisfacer sus necesidades trabajando sin respiro, debatiéndose entre las convulsiones del hambre y del frio, víctimas de la miseria; los tahitianos, por el contrario, felices habitantes de los paraisos ignorados de Oceanía, no conocen de la vida más que sus dulzores. Para ellos vivir es cantar y amar. [...]
Una vez que mi vida material esté bien organizada, podré entregarme allí a las grandes tareas del arte, liberado de celos artísticos, sin ninguna necesidad de viles tráficos. En el arte, el estado de ánimo en que uno se encuentra representa las tres cuartas partes; es preciso, pues, cuidarlo si se quiere algo grande y duradero. [...]


[...] La obra de arte, para el que sabe ver, es un espejo en el que se refleja el alma del artista. [...]


Entrevista a Paul Gauguin.
Por Eugéne Tardieu

He aquí el más arisco de los innovadores, el más intransigente de los "incomprendidos". Varios de los que le descubrieron le han abandonado. Para la inmensa mayoría es una gran cuentista. Él, con toda seriedad, sigue pintando flores naranjas y perros rojos, intensificando cada dia su personal forma de hacer. De complexión fuerte, cabellos canosos y rizados, rostro enérgico de ojos azules, tiene una sonrisa personal, muy dulce, modesta y un poco burlona.

- Copiar la naturaleza, ¿ qué significa eso? - me dice con un sobresalto de desafío -. ¡ Seguir a los maestros! Pero, ¿ por qué seguirlos ? ¡ Sólo osn maestros porque no han seguido a nadie! Bouguereau le ha hablado de mujeres que sudan arcos iris, niega las sombras azules; se pueden negar sus sombras pardas, pero su obra no suda nada; él es quine ha sudado al hacerla, quien ha sudado para coipar servilmente el aspecto de las cosas, quien ha sudadoi para obtener un resultado en el que la fotografía es muy superior, y cuando uno suda, apesta, apesta a insulsez y a impotencia. Por otra parte poco importa que haya o no sombras azules: si, mañana, un pintor quisiera ver sombras rosas o violetas, no podrían pedírsele explicaciones siempre que su obra fuese armónica y diera qué pensar.
Y entonces, ¿ sus perros rojos, sus cielos rosas?
Son absolutamente voluntarios! Son necesarios y todo en mi obra está calculado, largamente meditado. Es música, si usted quiere. Obtengo, por medio de disposición de líneas y de colores, con el pretexto de un tema cualquiera, sacado de la vida o de la naturaleza, sinfonías, armonías que no representan absolutamente nada real en el sentido vulgar de la palabra, no expresan ninguna idea directamente, pero deben hacer pensar al igual que la música hace pensar, sin acudir a ideas o a imágenes, simplemente por medio de afinidades misteriosas que se encuentran entre nuestors cerebros y dichas disposiciones de colores y de lineas.
Es bastante novedoso!

¡ Nuevo! - grita el señor Gauguin animándose -, ¡ en absoluto!, ¡ todos los grandes pintores no han hecho otra cosa! Rafael, Rembrandt, Velazquez, Botticelli, Cranach, han deformado la naturaleza. ¡ Vaya al Louvre, contemple sus obras, ninguna se parece; si uno está en lo cierto, todos los demás se equivocan, según su teoría, o bien, hay que admitir que todos ellos e han burlado de nosotros!.
La naturaleza! La verdad!. No es más Rembandt que Rafael, ni Botticelli que Bouguereau. ¿ Sabe usted qué será en breve el colmo de la verdad? La fotografía, cuando reproduzca los colores, lo cual no tardará. ¡ Y usted querría que un hombre inteligente sudase durante meses para dar la ilusión de hacerlo tan bien como una pequeña máquina fotográfica! En escultura es lo mismo; se hacen moldeados perfectos sobre la naturaleza; un moldeador hábil le hará así una estatua de Falguiére cuando usted quiera!
Entonces, ¿ no acepta usted el calificativo de revolucionario?
Lo encuentro ridículo. El señor Roujon me ha aplicado tal calificativo; le he contestado que todos los que han hecho en arte algo distinto que sus predecesores, lo merecían; ahora bein, esos son los únicos maestros. Manet es un maestro, Delacroix es un maestro. Se ha gritado hasta la abominación en sus comienzos; se retorcían ante el caballo violeta en su obra. Pero el público es así. Estoy perfectamente resignado a seguir siendo un incomprendido durante mucho tiempo. Si hiciera lo que ya han hecho otros, sería un plagiario y me sentiría indigno; al hacer algo diferente se me tacha de miserable. ¡ Prefiero ser un miserable que un plagiario!
Muchas personas capacitadas piensan que, puesto que los griegos han alcanzado la perfección ideal y la pura belleza en escultura, al igual que el Renacimiento en la pintura, no hay más que seguir estos modelos: añaden, incluso, que las artes plásticas ya han dicho todo lo que tenían que decir.
Es un error absoluto. La belleza es eterna y puede tomar mil formas para expresarse. La Edad Media ha tenido una forma de belleza, Egipto ha tenido otra. Los griegos buscaron la armonía del cuerpo humano. Rafael tuvo modelos que eran seres muy bellos, pero puede hacerse una obra bella con un modelo absolutamente feo. El Louvre está lleno de obras así. [...]

L´Echo de Paris, 13 de Mayo de 1895

Textos extraidos de "Escritos de un salvaje" de Paul Gauguin.
Ediciones Itsmo, S.A. Madrid. España. Año 2000