Es una certeza el hecho de que la historia nos descubre a nosotros mismos desde el momento que nos emocionamos y sentimos del mismo modo que sintieron decadas y siglos atrás.
Como no podia ser de otra forma, e influenciado por pensamientos pasados, comprendí que mi primera motocicleta debía obedecer a determinadas características basadas en el sentimiento de la emoción. Una manera de aproximarse a los sentimientos que desprenden las máquinas es el siguiente par de textos escritos por el extravagante Filippo Tomasso Marinetti a principios del siglo XX cuando se inicia la fiebre de las máquinas y el futurismo en Italia proclama incendiarios y destructivos manifiestos.
Belleza de la velocidad
El hombre multiplicado y el reino de la máquina, 1909
Se ha podido constatar en la gran huelga de los ferroviarios franceses que los organizadores del sabotaje no lograron convencer a un solo maquinista para sabotear su locomotora. Me parece algo completamente natural.
¿ Cómo podría una de esas personas herir o matar a su gran amiga fiel y devota, de corazón ardiente y dispuesto: su bella máquina de acero que tantas veces habia papitado de voluptuosidad bajo su caricia lubrificante?
Sin duda habreis oido los comentarios que suelen hacer los propietarios de los automóviles y los directores de fábrica:
" Los motores, dicen, son realmente misteriosos... Tienen caprichos, extravagancias inesperadas; parece que tengan una personalidad, un alma, una voluntad. Hay que acariciarlos, tratarlos con cuidado, no maltratarlos nunca ni fatigarlos en exceso. Si así lo haceis, esta máquina de hierro fundido y de acero, este motor construido
según cifras precisas os dará no solo todo su rendimiento, sino el doble, el triple, mucho más y mucho mejor de cuanto previeron los cálculos de su constructor: de su padre!".
Pues bien: yo concedo una gran importancia reveladora a estas frases que me anuncian el próximo descubrimiento de las leyes de ¡ una auténtica sensibilidad de las máquinas!. Hay que preparar, pues, la inminente e inevitable identificación del hombre con el motor, facilitando y perfeccionando un intercambio incesante de intuición, de ritmo, de instinto y de disciplina metálica, absolutamente ignorado por la mayoría y adivinado tan solo por los espíritus más lúcidos.
Santidad de los raíles
La nueva religion de la velocidad, 1916
Si rezar quiere decir comunicarse con la divinidad, correr a gran velocidad es una oración.
Santidad de las ruedas y de los railes. Hay que arrodillarse sobre los railes para rezar a la divina velocidad. Hay que arrollidarse ante la velocidad giratoria de una brújula giroscópica: veinte mil vueltas por minuto, máxima velocidad mecánica alcanza por el hombre. Hay que arrebatar a los astros el secreto de su velocidad sorprendente, incomprensible. Participemos, pues, en las grandes batallas celestes; enfrentémonos con los astros proyectiles lanzados por cañones invisibles; compitamos con la estrella 1830 Groombridge, que vuela a 241 km por segundo, con Arturo, que vuela a 413 km por segundo. Invisibles artilleros matematicos.(...) Nuestros santos son la luz y las ondas electromagnéticas 3 x 10 metros por segundo. La embriaguez de las grandes velocidades en automóvil no es sino la alegria de sentirse fundidos con la única divinidad.
(...) Próxima destrucción de las casas y de las ciudades, para formar grandes centros de automóviles y de aeroplanos.
Este frenesí totalitarista y destructivo, llevaría a Marinetti a un incontrolable fascismo en la Italia de Mussolini.
Sin embargo sus palabras entrañan la pasión que, en mayor o menor grado, domina a quienes padecemos la magia de las máquinas de trasporte. Máquinas, en este caso, terrestres de dos ruedas.
En un plano más cotidiano, cuando pensaba en qué tipo de moto podía necesitar, una vez entrado en la decisión de adquirirla, surgieron las inevitables dudas en la elección, aunque de siempre me seducen más las customs. Internet, como en otros órdenes de lo cotidiano resultó ser la mejor fuente de información, y navegando a traves de sitios web sobre las distintas marcas, fui descubriendo y aprendiendo muchas y diversas cosas alrededor del mundo de las motos, las marcas y los estilos. Y este último aspecto, el del estilo, instintivamente, era con toda seguridad, primordial. Por cuestiones culturales y de búsqueda de identidades, son los años 50 por los que he podido sentir mas debilidad en el transcurso de mi vida.
En el fondo, mis referencias visuales al respecto, giraban en torno a la imagen de Dafoe en Streets of fire, las harleys de los 40 y 50 y en general el aspecto de cuero negro sobre moto negra. En otras palabras, asientos bajos y manillares anchos, tupés y chupas de cuero negro. Sin embargo, mi actitud rocker, por otra parte, ha sido mas intelectual que de acciones, apasionado tiempo atras por Gene Vincent, peliculas como Last exit to Brooklin matizaron mi atraccion fatal por el rock&roll clásico y la cultura de entonces: la musica, el diseño industrial, los rockers y las pinups.
[ Foto: "Enamorate de mi un par de semanas" Willem Dafoe y Diane Laneen "Streets of Fire" de Walter Hill, 1984 ]
Como casi la totalidad de adolescentes, cuando transcurrian mis empanados 18 años, ( creo que el empane se mantiene desde entonces ), ya me atraían las motos, aunque con toda seguridad no la hubiese disfrutado como lo estoy haciendo ahora. Entonces no podia pensar en tener una, puesto que a mi padre, especialmente, le sonaba a verdadero disparate kamikaze. El segundo factor inconveniente era, como no podia ser de otra forma, el económico.
Con los años fuí descubriendo la historia del mundo, a través del cine, la fotografía, la pintura, etc... y mi personalidad, entre otras muchas motivaciones, fue forjándose de todo aquello que inevitablemente cautivaba mi visión y mi sentir. Adquirir una moto llegaría cuando menos me lo esperara; es más, fue casi una improvisación, hasta ese momento, en Noviembre del 2004, llevaba 18 meses desplazándome en bicicleta por la jungla de asfalto haciendo unas tres horas de trayectos al dia. Aunque ya conocía el asfalto madrileño, el ir sobre dos ruedas resultó ser toda una experiencia física, una experiencia urbana y un preludio de amor a otra máquina más en mi vida.
[ Foto: Brando con su Triumph en The Wild One, 1953]La decision de adquirir una Triumph se baso prácticamente en un estudio histórico, cultural, social y estético, [ Casi ná! Uno que es un poco crítico y fetichista! ]Por distintos argumentos Harley no terminó de atraerme tanto como creía: si algún dia tengo una pedorra de estas no podra ser otra que una Panhead del 56 o algo parecido modificada al estilo nipón.
[ Panhead Boober Japanese Style ]
[ Panhead Boober Japanese Style ]Por otra parte, mi condición de novato requería una máquina que, aunque clásica, permitiera ser limitada de potencia.
Me viene a la memoria el primer coche que compré: BMW de 1981 morro flecha 4 velocidades 150 HP y negro, claro. Lo mucho que nos divertimos se equiparó a los multiples problemas que aparecian cada 2x3. Un problema eléctrico o de inyección, núnca lo supe, hacía que se parara el motor a cualquier velocidad: es decir, en marcha a 150 Km/h y...pof!.... silencio... motor parado, reducir una velocidad y brummm... otra vez marchando. En otras ocasiones si esto fallaba me metía en el arcen para levantar el capó y crear un puente con unos cables que había entre el sistema de encendido, el alternador y la subfase del trocolo. Pshhhhh...Clic, clic, clic,...brummm... vámonos. Manos negras y sensacion de saber algo de mecánica sin tener ni puta idea. Pase de él y de seguir levantando su negro capó invertido. Todavia recuerdo ir a 150km en 3ª y sintiendo la caña alemana. Radical.
He tenido otros coches pero el viejo BMW es el que recuerdo con más cariño. En el mismo orden de diseño industrial adquirí para el desarrollo de mi trabajo una Rolleiflex f2.8 del año 75 y cuya magia continúo disfrutando. Aunque echo de menos emplearla más.
Me viene a la memoria el primer coche que compré: BMW de 1981 morro flecha 4 velocidades 150 HP y negro, claro. Lo mucho que nos divertimos se equiparó a los multiples problemas que aparecian cada 2x3. Un problema eléctrico o de inyección, núnca lo supe, hacía que se parara el motor a cualquier velocidad: es decir, en marcha a 150 Km/h y...pof!.... silencio... motor parado, reducir una velocidad y brummm... otra vez marchando. En otras ocasiones si esto fallaba me metía en el arcen para levantar el capó y crear un puente con unos cables que había entre el sistema de encendido, el alternador y la subfase del trocolo. Pshhhhh...Clic, clic, clic,...brummm... vámonos. Manos negras y sensacion de saber algo de mecánica sin tener ni puta idea. Pase de él y de seguir levantando su negro capó invertido. Todavia recuerdo ir a 150km en 3ª y sintiendo la caña alemana. Radical.
He tenido otros coches pero el viejo BMW es el que recuerdo con más cariño. En el mismo orden de diseño industrial adquirí para el desarrollo de mi trabajo una Rolleiflex f2.8 del año 75 y cuya magia continúo disfrutando. Aunque echo de menos emplearla más.










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